Aquel día quería morir,aunque ya estaba muerto. El cementerio nunca llamó mi atención, ese lugar lúgubre, de silencios y voces calladas donde nadie tenía derechos de expresar sus opiniones por el simple hecho de estar muertos y enterrados para siempre,pero bueno,ese es un caso de muchos vivos y otra historia para contar. Mi vecina Clara(que sólo tenía de claridad ojos y pelo)me habló de la cremación, donde según decía volvemos al polvo que fuimos y,de acuerdo a mi opinión una forma aceptable de compartir mis locuras por el mundo al esparcir mis cenizas al viento. La miré con mi sonrisa de muerto feliz y,le dije:tranquila Clara,que se deshagan de mi cuerpo como les de las ganas,yo ya estoy muerto y acto seguido pasé a través de su cuerpo y de la puerta hacia la calle...afuera el verano ardía.
Al Agus
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