Ella se fue a finales de las lluvias de mayo,bordeando la ría, la montaña y el llano.
Sólo llevaba sus pies descalzos, el dolor en su pecho...sus ojos claros.
Él no volvió como prometió aquella tarde de verano,marchó por conseguir fortuna, llevando la esperanza y quizás un milagro.
Él no volvió, murió con la espada en la mano,con una flecha clavada a la distancia de miles de años.
Ella nunca lo supo,y creyó que su hombre era un engaño,él murió muy lejos...muy lejos, con su nombre en los labios.
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