Finalmente me llevan a mi última morada, una decisión postergada por años. El ataúd es bastante cómodo, amplio y con olor a madera,a primavera,a bosque. Recuerdo años atrás cuando un día me sentí muerto. Estaba parcialmente vivo,comía, dormía(a veces)y hacía lo que todo vivo sabe hacer,excepto que me sentía vacío, frustrado y sin esperanzas. Desde ese día mi muerte se agudizó, comía menos,dormía un par de horas y veía espíritus por toda la casa con sonrisas de bienvenida y agasajo, en fin de cuentas ya era uno de ellos. Por años estar muerto fue una tortura diaria,andar por la casa sin decírselo a nadie, caminar entre vivos y siempre callando mi secreto. Era difícil, no quería asustar a mi familia con semejante noticia, hasta que un día me atreví. Aquel día en la junta familiar celebrada en el comedor y convocada por mi les informé de las buenas nuevas, que decir...mi madre lloraba,mis hermanos reían y mi padre negando con la cabeza me decía que yo estaba más loco que una chiva vieja. Los días siguientes fueron un martirio,un pobre muerto como yo recibiendo burlas y sonrisas de comprensión, deambulando por la casa como un sonámbulo;hasta que en la tarde del tercer día me planté y les dije a todos:o me entierran o me vuelvo a morir tirándome del campanario de la iglesia! No tuve nada más que decir,enseguida se agilizaron los preparativos para la ceremonia de mi despedida y aquí voy felizmente hacía mi última morada.
Afuera llueve y escuchó la tierra caer sobre el techo de mi casa. Este año la primavera se adelantó,como pretendiendo estar en mi despedida y,claro llegó tarde,mientras estoy en silencio,esperando al otro silencio cuando me vuelva a morir.
Al Agus
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