Ella le llamaba el ritual de la lengua,una enseñanza adquirida en sus diez años vividos en la India.Tenía que ver con el sexo,con el complemento de lo espiritual con lo material,con alcanzar el orgasmo y la plenitud sin la necesidad de la penetración invasiva y feroz.Aquel día me invitó para experimentar juntos este ritual y claro ni lento ni perezoso acepté con una sonrisa de oreja a oreja.Me tomó de la mano y entramos a una habitación, donde la decoración era de otro mundo,velas encendidas en un círculo mágico e inciensos de olores perturbadores y en el centro una alfombra con dibujos atrevidos del kamasutra. Nos colocamos en el centro de la alfombra, frente a frente y comenzamos a devestirnos sin prisas,después nos aplicamos miel sobre nuestros cuerpos y comenzamos a lamer cada poro de nuestras pieles,al cabo de un tiempo estábamos acostados sobre la alfombra,con orgasmos y eyaculaciones incontrolables, abrazados en suspiros eternos.
Al Agus
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