Ya anochece cuando escribo estas letras,afuera,y a través de la ventana,el sol ya se ha puesto su piyama rojo-amarillo para irse a la cama,mientras que la luna se prepara con sus mejores galas para pasear por la noche. Hoy ha sido un día lluvioso,de vientos suaves y de un sol que a regañadientos sale y se oculta,como permitiendo que la lluvia sea parte de la historia de este día. Noir mi gato negro me mira con esa mirada indescifrable y serena que sólo los gatos pueden tener,y que dicen muchas cosas;tal vez ahora quiera dormir,comer o soñar,pero no importa,está a mi lado,como cuando desde chico saltaba sobre mi cama y me mordía ligeramente las orejas,y después daba vueltas sobre si mismo celebrando la broma. Dormía a mis pies calentando mis plantas,con ese su pelaje más negro que la noche,y así hasta la aurora,entonces despertaba y pasaba su pequeña lengua por mi nariz para darme los buenos días. Ya tiene tres años,y aún es juguetón con momentos muy serios de un gato responsable y maduro,con esa filosofía de que aunque con pocos años la sabiduría ancestral de los gatos y de la vida están presentes;yo lo quiero como una extensión de mi,él gato y yo humano,sorprendidos ambos por la magia de la vida. Ya es noche cerrada,las estrellas hacen presencia con esos guiños lejanos y multiplicadas por el cielo,mientras aquí... Noir y yo nos dormimos despreocupados, soñando cada uno nuestros sueños...hasta que llegue la aurora.
Al Agus
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